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Miradas de piedra

  • 9 may 2017
  • 3 Min. de lectura

La primavera se ha instalado en Barcelona para quedarse. Llevamos unas semanas donde el tiempo es dispar y un tanto alocado, se puede decir que tiene un aire a nosotros. Estas variaciones de tiempo no nos ha impedido poder acercaros edificios espectaculares y conocidos por poca gente de la ciudad.


El edificio que visitamos esta semana lo conocimos hace varios meses callejeando por el barrio de Gracia, por cierto, un barrio estupendo: tranquilo, familiar y con un encanto que pocas zonas de Barcelona tienen. Es un barrio donde encuentras arte y belleza en cada esquina. Una de esas esquinas es la que comentamos hoy, el hotel Casa Fuster situado en Passeig de Gracia núm. 132 (Barcelona).

Es un edificio modernista diseñado y creado por el gran Lluis Domench i Muntaner, llevamos ya varios edificios diseñados por él en el blog, entre los años 1908 y 1910. Domenech i Muntaner utilizó en el diseño de esta casa muchos SUS elementos característicos y que son sin duda marca de su identidad. Estamos hablando de: bases de robustas columnas en piedra roja, ventanas triobulares y ornamentación floral en toda la fachada, entre otras.


El conjunto de la edificación denota una gran contención expresiva favorecida por el blanco mármol de la fachada y la euritmia de las dos fachadas principales. Un efecto de pureza y paz en una fachada con toques de decoración muy medidos que describen un edificio modernista con un aire contemporáneo muy interesante. Además, encontramos que el edificio se remata con unas mansardas de estilo francés, creando un edificio emblemático y singular en la ciudad de Barcelona ya que es un estilo poco reproducido en la ciudad.

La casa fue un regalo del señor Fuster, de ahí su nombre, a su esposa con la intención de embellecer la Ciudad Condal. Fue la obra póstuma del arquitecto de la capital catalana y en su momento se consideró la casa más cara de la ciudad debido a los materiales utilizados, entre ellos los mármoles de alta calidad de toda la fachada y zonas comunes, dando un aire de grandeza y de riqueza extraordinaria a la edificación.

En 1962 la empresa ENHER (compañía eléctrica) compró la casa para derribarla y edificar un rascacielos, momento donde este tipo estaba en auge y con la intención de darle un aire de modernidad a la ciudad. Gracias a los barceloneses y a sus numerosas protestas y artículos de prensa se pudo evitar tal catástrofe, hubiésemos perdido un gran patrimonio de la ciudad. Además, se consiguió que la empresa se comprometiera a la restauración de la casa, aunque fuese de manera sencilla y básica.

En 1999 la “Casa Fuster” se puso a la venta y el año 2000 la compró Hoteles Center transformándola en el actual Hotel Casa Fuster. 4 años más tarde, se inauguró el hotel hasta la fecha.


La edificación está concebida como un cuerpo exento, con tres fachadas exteriores descritas i con una silueta, sobretodo en el coronamiento, que recuerda el gótico nórdico, como hemos comentado con anterioridad un estilo francés difícil de hallar en Barcelona.

La articulación entre las dos calles se encuentra con una solución muy utilizada por Domenech i Muntaner, creando un gran cuerpo cilíndrico que sirve de unión entre las dos fachadas del edificio y enlaza con las tribunas abiertas de la fachada principal. Este elemento forma una torre circular, volada para no irrumpir en la acera. En el proyecto inicial se encontraba más acentuada ya que se acababa con un pináculo.


Esta parte más destacada de la fachada queda sujeta por una gran columna central, el capitel de la cual impresiona por su temática muy detallada: una sucesión de nidos con pájaros, como si hubiesen querido anidar en aquella zona preferente del edificio, enmarcados por unas grandes hojas de palma, a manera de árbol protector.

La Planta Baja, que más tarde se convertiría en el Café Vienés, fue diseñada como sala de eventos donde la familia recibía a sus invitados. En la actualidad se encuentra con una decoración muy medida, muebles del famoso arquitecto Antoni Gaudí, grandes escalera de mármol, puertas de roble macizo, etc. Una gran calidad en materiales que denota calidad y bienestar. Además entre detalles que se les ofrece a los huéspedes del hotel, se encuentran en la sauna personal de algunas habitaciones una carta de almohadas con hasta 7 variedades y las amenities de baño, de la marca Loewe hecho exclusivamente para este hotel.

Finalmente, debe ser un placer poder dormir entre estas 4 paredes y poder recrear en tu mente como vivían los propietarios de la casa o intentar disfrutar de la historia de la casa y su confort dado por el hotel, el día que podamos intentaremos darnos este capricho.







 
 
 

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